En blanco debió quedar esta hoja
El perfume
que emanó de ti
se lo tatuó restregándose
-como recomendó el viejo-
con el friso
de tu venus
En ascendente
En blanco
sus sienes
sin discurso que te contuviera el
tacto
trazando la minuta
para rotar
por infinitos poros
En blanco
su lengua
llovía justo cuando se deslizaba
en la cavidad con que retuviste el aire
la misma
con que
absorbiste las sombras
En blanco
sus pies
volviéndose etéreos queriendo
asirte
a cada paso ahora sin piernas
a cada paso ahora sin vientre
a cada
paso.
Se liberaron los insectos
apresados en el
estómago ya
blanco
sin pecho
quiso odiarte
sin brazos
morderte
pero
tu luz
tu
luz
.
.
.
LM2008
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