viernes, 20 de junio de 2014
sábado, 19 de abril de 2014
domingo, 23 de febrero de 2014
Soy
El
camino siempre ha estado ahí
Sólo
padecí un poco de ceguera.
I
En la hora del ánima
todas mis dudas mi ansia
mi angustia mi furia
mis lágrimas mis devaneos y mis delirios
se proyectan con el fuego de las sombras.
El esfuerzo que empleo en gozar
cuanto me brinda el extraño devenir
las canas de un reloj que me sobrevive
un ruido en la sombra de la noche sin manos
la lluvia que enferma para liberar
el asombro de verla con ojos nuevos
la certeza de no encontrarle cuando lo desee
la esperanza de que despierte y deletree mi
nombre
el espacio que media entre mis voluntades y su
silencio
el susto comprimido de la piedra aventada
la palabra de cuantos me anteceden
sus tropiezos sus ascensiones lo abyecto
los sitios en los que grabé con lápiz del
viento
mi errancia y los pasos que recuerda el olvido
la oscuridad que acaricia mis hombros
diciéndome -no temas estás hecho de mí-
lo que no puedo recordar y lo que
irremediablemente
ya no caducará
en eso creí convertirme al saberme sólido.
II
Sombra que se esconde en las arrugas del
rostro
uniforma desaparece confunde
ablanda pierde degrada
un Ávila que muta su color
retrocede hacia lo oscuro y nos arrastra
algunos extraviados pasando cansados de reír
o pelear pero nunca de temer
unos loros avisando
el reino de lo preciso lo que no cambia
lo que sólo puede ser si se mueve
en la plaza de los museos
me construyo me derruyo
me expando hasta alcanzar
ese movimiento que me consume en el día
reconozco el aire que me comprime
nunca antes respirado
aún ciego
recuerdo el camino a casa pero
no lo sigo fue el trato al partir
hay que esperar los grillos concertados.
III
Y tú, palabra de fuego
sin existencia humana ya
lo que se va contigo
no se pierde
aquel fruto caído
la brisa sin asombro en la curva del camino
el moho aventado en la piedra
las paredes crepitando sin la ropa de la luz
ahora brillan agotadas en tu fuerza.
Grano a grano
el reloj de arena
se vuelve más pesado y
al mismo tiempo más cauto
reloj
a reloj
la arena
sabe
qué le espera
y
no aprovecha
el corto tiempo
antes de
escaparse
al otro lado.
Esto –pensé- debe ser mientras dure la
conversión
el trayecto en el que un día se compone de 30
años.
[También el posponedor
el diferidor de mis espacios de mis actos
vela.
Adelanté lo que quiero de mañana
alejé lo necesario lo urgente
apartado quedé]
IV
Me contento con poco.
Por ejemplo con hallar
en cada aurora retazos perdidos entre
el parpadear de ayer y el de hoy
entre el de anteayer y el de mañana
esas pequeñas cosas que
no se cuidan del ojo humano
y simplemente son
esas de las que se cuida el ojo
para dejar de ver.
Los espejismos de mi ciudad
me distraen peligrosamente
cuando corro me deslizo o gravito de
un lugar a otro.
Tarareo cualquier tonada para
ejercitar mi pensamiento
lapido a mis enemigos
en el encierro de la desmemoria
que los etiqueta con benévola indiferencia.
Calco con el ojo cada recodo nuevo
del camino terrenal mil veces y una más
recorrido
con disfraz de Hombre.
Me aventuro en nuevas sendas
las ensayo
retrocedo
me muevo
y a la bocanada siguiente
se ha borrado todo
aprendo mi nombre porque
por accidente lo escribí en el puño
de mi mano
justo antes de inscribirme
en la realidad de este sueño que soy.
Cuando fui árbol
aprendí lo que significa correr
hasta la tala.
V
Más tarde el olor de la guayaba me transporta
a tu recuerdo, que afino de a poco conforme
pasa el día,
aliciente de los cielos tan azules
de las bocinas criminales
del veneno esparcido para perfumar la morbidez
del recorrido caraqueño.
Un ave se lleva mi vista y la posa en una nube
así te veo mejor sin que lo sospeches
natural y ebria de humanidad mi niña.
Sin acordarte de mí es como te quiero
para que duela menos tu extravío
para resumir tu tránsito hasta mí.
Me entreno en romper promesas
que sólo formulo para romper
porque son las palabras las que secundan mis
actos
vivo porque descubrí que es la mejor forma de
morir sin morir.
Me conozco, te busco aún contra mi razón.
Cultivo hectáreas antes destinadas al vacío
consumista para el que nos programan.
Las guardo para ti para
no aburrirme
para aquietar mi conciencia para cuando
tropieces con mi espera.
Tallo mi nombre en un puñado de mentes que
esculpen su nombre en la mía y en la de otros hasta dejarnos de llamar de buscar
acaricio entonces la sensación
de lo que fuimos no ya la persona a un mensaje de distancia.
VI
Todo esto he aprendido en menos de un día, el
día de treinta años.
Muevo un dedo y transformo mi alrededor se despierta el polvo alborotado
del que estoy hecho con acordes con lunas
con sangre que recorre los ductos perfectos
antes de mover un pie para el próximo paso
antes de provocar el nuevo
o repetido pensamiento de este subterráneo día
sueño mío al dormir al otro lado de la cama
(metalico).
No podría levantar una piedra y permanecer
ajeno a su expectativa.
No podría sumergirme en el río y permanecer
indiferente a lo que de mí arranca. Como los ángeles, no podría contener la
tristeza a que somete un día soleado. No podría dar respuesta clara a las
interrogantes planteadas por las nubes con los signos más comunes empleados
justo cuando el sol viene a zaherir y a evidenciar lo que en nosotros se
transparenta y no llega a ser palpable.
No podría otorgar mejor ritmo al roce de patas
de los nocturnos ya reunidos para recibirme con sus notas improvisadas.
Termina el día de treinta años. Y apenas unos
cuantos nombres repetidos en simultaneidad de millones de seres puedo reconocer
sin entenderlos. Emprendo la vuelta al nido y encuentro a un humano -ser del
que ignoro todo-, llorando sentado en una plaza -sin recordar bien qué es una
plaza- en la hora del llamado.
miércoles, 22 de enero de 2014
Blanco (1966)
Corno no ha sido posible reproducir aquí todas las características de la
edición original de Blanco
(México,
1967),
señalo que este poema debería leerse como una sucesión de signos sobre una página
única; a medida que avanza la lectura, la página se desdobla: un espacio que
en su movimiento deja aparecer el texto y que, en cierto modo, lo produce. Algo
así como el viaje inmóvil al que nos invita un rollo de pinturas y emblemas
tántricos: si lo desenrollamos, se despliega ante nuestros ojos un ritual, una suerte de procesión o peregrinación hacia ¿dónde? El espacio fluye, engendra un
texto, lo disipa —transcurre como si fuese tiempo. A esta disposición de orden
temporal y que es la forma que adopta el curso del poema: su discurso,
corresponde otra, espacial: las distintas partes que lo componen están
distribuidas como las regiones, los colores, los símbolos y las figuras de un
mándala... La tipografía y la encuadernación de la primera edición de Blanco querían subrayar no tanto la presencia del
texto como la del espacio que lo sostiene: aquello que hace posible la
escritura y la lectura, aquello en que terminan toda escritura y lectura.
Blanco es
una composición que ofrece la posibilidad de varias lecturas, a saber:
I) En su totalidad, como un solo texto;
I)) la columna del centro, con exclusión de las de izquierda y derecha,
es un poema cuyo tema es el tránsito de la palabra, del silencio al silencio
(de lo «en blanco» a lo blanco —al blanco), pasando por cuatro estados:
amarillo, rojo, verde y azul;
c)
la columna de la izquierda es un poema dividido en cuatro momentos que
corresponden a los cuatro elementos tradicionales;
d)
la columna de la derecha es otro poema, contrapunto del anterior y
compuesto de cuatro variaciones sobre la sensación, la percepción, la
imaginación y el entendimiento;
e)
cada una de las cuatro partes formadas por dos columnas puede leerse,
sin tener en cuenta esa división, como un solo texto: cuatro poemas
independientes;
I)
la columna del centro puede leerse como seis poemas sueltos
y las de izquierda y derecha como ocho.
(se copia y pega de manera un poco desordenada el poema)
el comienzo
el cimiento
la simiente
latente
la palabra en la punta de la lengua inaudita inaudible impar
grávida nula
sin edad la enterrada con los ojos abiertos inocente promiscua
la palabra
sin nombre sin habla
sin nombre sin habla
Sube y baja,
escalera de escapulario,
el lenguaje deshabitado.
Bajo la piel de la penumbra
late una lámpara. .'.
Superviviente entre las confusiones taciturnas,
asciende
Superviviente entre las confusiones taciturnas,
asciende
en un tallo de cobre
resuelto en un follaje de claridad:
amparo
de caídas realidades.
O dormido
o extinto,
alto en su vara
(cabeza en una pica),
resuelto en un follaje de claridad:
amparo
de caídas realidades.
O dormido
o extinto,
alto en su vara
(cabeza en una pica),
un girasol
ya luz carbonizada
sobre un vaso
de sombra.
En la palma de una mano
ficticia,
flor
ni vista ni pensada:
oída,
aparece
amarillo cáliz de consonantes y vocales incendiadas.
en
el muro la sombra del fuego en el fuego tu sombra y la mía
el fuego te desata y te anuda Pan Grial Ascua
Muchacha
tú ríes —desnuda en los jardines de la llama
La pasión de la brasa compasiva
Polvo soy de aquellos lodos. Río de sangre,
río de historias
de
sangre,
río
seco: boca de manantial amordazado
por
la conjuración anónima de los huesos,
por
la ceñuda peña de los siglos y los minutos:
el
lenguaje es una expiación,
propiciación
al
que no habla,
emparedado,
cada
día
asesinado, el muerto innumerable.
Hablar
mientras los otros trabajan es pulir huesos
aguzar
silencios
hasta la transparencia, hasta la
ondulación,
el cabrilleo,
hasta
el agua:
Un
pulso, un insistir, oleaje de sílabas húmedas. Sin decir palabra oscurece mi
frente un presentimiento de lenguaje. Patience patience (Livingston en la sequía) river
rising a little. El
mío es rojo y se agosta entre sableras llameantes: Castillas de arena, naipes
rotos y el jeroglífico (agua y brasa) en el pecho de México caído.
los ríos de tu cuerpo el río de los cuerpos
país de latidos astros infusorios reptiles
entrar en ti torrente de cinabrio sonámbulo
país de ojos cerrados oleaje de las genealogías
agua sin pensamientos juegos conjugaciones juglarías
entrar
en mí subyecto y obyecto abyecto y
ni
entrar en tu cuerpo absuelto río de soles
país de espejos en vela «las altas fieras de la piel
luciente»
país de agua despierta rueda el río seminal de los
mundos
en la noche dormida el ojo que lo mira es otro río
me
miro en lo que miro como entrar por mis ojos en un ojo más límpido
me mira lo que miro
delta de brazos del deseo en un lecho de vértigos
La transparencia es todo lo que queda
Paramera abrasada
del amarillo al encarnado
la tierra es un lenguaje calcinado.
Hay púas invisibles, hay espinas
en los ojos.
En un muro rosado tres buitres ahítos. No tiene cuerpo ni cara ni
alma, está en todas partes, a todos nos aplasta:
este sol es injusto.
La rabia es mineral.
Los colores
se obstinan.
Se obstina el horizonte. Tambores
tambores tambores. El cielo se ennegrece
como esta página.
Dispersión de cuervos. Inminencia de violencias violetas. Se levantan los
arenales, la cerrazón de reses de ceniza. Mugen los árboles encadenados.
Tambores tambores tambores. Te golpeo cielo,
tierra te golpeo.
Cielo abierto, tierra cerrada, flauta y tambor, centella y trueno, te
abro, te golpeo.
Te abres, tierra,
tienes la boca llena de agua, tu cuerpo
chorrea cielo, tierra, revientas, tus semillas estallan
verdea
la palabra
te desata se esparce árida ondulación
se
levanta se erige ídolo entre brazos de arena
desnuda como la mente brilla se multiplica se niega
en la
reverberación del deseo renace se escapa se persigue
girando girando visión del pensamiento gavilán
en torno a la idea negra cabra en la peña hendida
el vellón de la juntura paraje desnudo
en la mujer desnuda snap-shot de un latido de tiempo
pirausta nudo de presencias real irreal quieto vibrante
Inmóvil bajo el sol inmóvil pradera quemada
del color de la tierra color de sol en la arena
la yerba de mi sombra sobre el lugar de la juntura
mis manos de lluvia obscurecida por los pájaros
sobre
tus pechos verdes beatitud
suficiente
mujer tendida hecha a la imagen del mundo
El mundo haz de tus imágenes
Del amarillo al rojo al verde, peregrinación hacia las claridades, la
palabra se asoma a remolinos azules.
Gira el anillo beodo, giran los cinco sentidos alrededor de la
amatista ensimismada.
Traslumbramiento: no pienso, veo
—no lo que veo, los reflejos, los pensamientos veo. Las
precipitaciones de la música,
el número cristalizado. Un archipiélago de signos. Aerofanía,
boca de verdades, claridad que se anula
en una sílaba diáfana como el silencio: no pienso, veo
—no lo que pienso, la cara en blanco del
olvido, el resplandor de lo vacío. Pierdo mi sombra,
avanzo
entre
los bosques impalpables, las esculturas rápidas del viento, los sinfines,
desfiladeros afilados,
avanzo,
mis pasos
se disuelven en un espacio que se desvanece en pensamientos que no
pienso.
contemplada por mis oídos olida por mis
ojos acariciada por mi olfato oída por mi lengua oida por mi tacto
habitar tu nombre en tu grito contigo
|
entera en cada parte te repartes las espirales transfiguraciones
tu cuerpo
son los cuerpos del instante es cuerpo el tiempo el mundo
pensado
soñado encarnado visto
tocado desvanecido
horizonte de música tendida puente colgante del color al aroma olor
desnudez en las manos del aire cántico de los sabores festín de niebla
despoblar tu cuerpo casa del viento
La irrealidad de lo mirado da realidad a la mirada
caes
de tu cuerpo a tu sombra no allá sino en mis ojos
en
un caer inmóvil de cascada cielo y suelo se juntan
caes
de tu sombra a tu nombre intocable horizonte
te
precipitas en tus semejanzas yo soy tu lejanía
caes
de tu nombre a tu cuerpo el más allá de la mirada
en
un presente que no acaba las imaginaciones de la arena caes en tu comienzo las disipadas fábulas del viento
derramada
en mi cuerpo yo
soy ¡a estela de tus erosiones
tú
te repartes como el lenguaje espacio dios descuartizado
tú
me repartes en tus partes altar el pensamiento y el cuchillo vientre teatro de la sangre eje de los solsticios
yedra
arbórea lengua tizón de frescura el firmamento es
macho y hembra
temblor
de tierra de tu grupa testigos
los testículos solares
lluvia
de tus talones en mi espalda falo el pensar y vulva la palabra
ojo
jaguar en espesura de pestañas espacio es cuerpo signo pensamiento
la
hendidura encarnada en la maleza siempre dos sílabas enamoradas
los
labios negros de la profetisa Adivinanza
En el centro
del mundo del cuerpo del espíritu
la grieta el resplandor
del mundo del cuerpo del espíritu
la grieta el resplandor
No
En
el remolino de las desapariciones el torbellino de las apariciones Sí
El árbol de los nombres
No
es
una palabra
Sí
es
una palabra
aire son nada
son
este insecto revoloteando entre las
líneas de la página
inacabada
inacabable
El
pensamiento
revoloteando
entre estas palabras
Son
tus pasos en el cuarto vecino
los
pájaros que regresan
El
árbol nim
que nos protege
los protege
Sus ramas acallan al trueno
apagan
al relámpago
En
su follaje bebe agua la sequía
Son
esta noche
(esta música)
Mírala
fluir
entre tus pechos caer sobre tu vientre
blanca y negra primavera nocturna
jazmín y ala de cuervo
tamborino y sitar
No y Sí
juntos
dos sílabas enamoradas Si el mundo es real
la
palabra es irreal Si es real la palabra
el mundo es la grieta el resplandor el remolino No
las desapariciones y las apariciones
Sí
el árbol de los nombres
Real irreal
son palabras
aire son nada
El habla
irreal
de
realidad al silencio
Callar es un tejido de lenguaje
Silencio
sello
centelleo
en la frente
en
los labios
antes de evaporarse
Apariciones y desapariciones
La realidad y sus resurrecciones
El silencio reposa en el habla
El espíritu es una invención del cuerpo
El cuerpo es una invención del mundo
El mundo es una invención del espíritu
No Sí irrealidad
de lo mirado la transparencia es todo lo que queda
Tus pasos en el cuarto vecino
el trueno verde
madura
en el follaje del cielo
Estás desnuda
como
una sílaba
como una llama
una isla de llamas
pasión de brasa compasiva
El mundo
haz de tus imágenes
anegadas en la música
Tu cuerpo
derramado en mi cuerpo
visto
desvanecido
da realidad a la mirada
Delhi, del 23 de julio
al 25 de septiembre de 1966
OCTAVIO PAZ.
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