sábado, 19 de abril de 2014

Natura de Caracas, Venezuela.













Bambúes, Parque Los Chorros.












Chaguaramos, UCV.
















Chaguaramos, UCV








fotosporLuismarteMMXIV

domingo, 23 de febrero de 2014

Soy






El camino siempre ha estado ahí
Sólo padecí un poco de ceguera.

I
En la hora del ánima
todas mis dudas mi ansia
mi angustia mi furia
mis lágrimas mis devaneos y mis delirios
se proyectan con el fuego de las sombras.
El esfuerzo que empleo en gozar
cuanto me brinda el extraño devenir
las canas de un reloj que me sobrevive
un ruido en la sombra de la noche sin manos
la lluvia que enferma para liberar
el asombro de verla con ojos nuevos
la certeza de no encontrarle cuando lo desee
la esperanza de que despierte y deletree mi nombre
el espacio que media entre mis voluntades y su silencio
el susto comprimido de la piedra aventada
la palabra de cuantos me anteceden
sus tropiezos sus ascensiones lo abyecto
los sitios en los que grabé con lápiz del viento
mi errancia y los pasos que recuerda el olvido
la oscuridad que acaricia mis hombros
diciéndome -no temas estás hecho de mí-
lo que no puedo recordar y lo que irremediablemente
ya no caducará
en eso creí convertirme al saberme sólido.

II
Sombra que se esconde en las arrugas del rostro
uniforma desaparece confunde
ablanda pierde degrada
un Ávila que muta su color
retrocede hacia lo oscuro y nos arrastra
algunos extraviados pasando cansados de reír
o pelear pero nunca de temer
unos loros avisando
el reino de lo preciso      lo que no cambia
lo que sólo puede ser si se mueve
en la plaza de los museos
me construyo me derruyo
me expando hasta alcanzar
ese movimiento que me consume en el día
reconozco el aire que me comprime
nunca antes respirado
aún ciego
recuerdo el camino a casa pero
no lo sigo         fue el trato al partir
hay que esperar los grillos concertados.

III
Y tú, palabra de fuego
sin existencia humana ya
lo que se va contigo
no se pierde
aquel fruto caído
la brisa sin asombro en la curva del camino
el moho aventado en la piedra
las paredes crepitando sin la ropa de la luz
ahora brillan agotadas en tu fuerza.

Grano a grano
el reloj de arena
se vuelve más pesado y
al mismo tiempo más cauto
                                               reloj a reloj
                                                    la arena
                                  sabe  qué le espera
                                         y no aprovecha
                                           el corto tiempo
                                    antes de escaparse
                                                  al otro lado.

Esto –pensé- debe ser mientras dure la conversión
el trayecto en el que un día se compone de 30 años.

[También el posponedor
el diferidor de mis espacios de mis actos
vela.

Adelanté lo que quiero de mañana
alejé lo necesario lo urgente
apartado quedé]

IV
Me contento con poco.
Por ejemplo con hallar 
en cada aurora retazos perdidos entre
el parpadear de ayer y el de hoy
entre el de anteayer y el de mañana
esas pequeñas cosas que
no se cuidan del ojo humano
y simplemente son
esas de las que se cuida el ojo
para dejar de ver.

Los espejismos de mi ciudad
me distraen peligrosamente
cuando corro me deslizo o gravito de
un lugar a otro.
Tarareo cualquier tonada para
ejercitar mi pensamiento
lapido a mis enemigos
en el encierro de la desmemoria
que los etiqueta con benévola indiferencia.
Calco con el ojo cada recodo nuevo
del camino terrenal mil veces y una más recorrido
con disfraz de Hombre.
Me aventuro en nuevas sendas
                 
                     las ensayo              
retrocedo        
                             me muevo      
                                                 y a la bocanada siguiente
se ha borrado todo




aprendo mi nombre porque
por accidente lo escribí en el puño
de mi mano
justo antes de inscribirme
en la realidad de este sueño que soy.
Cuando fui árbol
aprendí lo que significa correr
hasta la tala.

V
Más tarde el olor de la guayaba me transporta
a tu recuerdo, que afino de a poco conforme pasa el día,
aliciente de los cielos tan azules
de las bocinas criminales
del veneno esparcido para perfumar la morbidez del recorrido caraqueño.
Un ave se lleva mi vista y la posa en una nube
así te veo mejor sin que lo sospeches
natural y ebria de humanidad mi niña.
Sin acordarte de mí es como te quiero
para que duela menos tu extravío
para resumir tu tránsito hasta mí.
Me entreno en romper promesas
que sólo formulo para romper
porque son las palabras las que secundan mis actos
vivo porque descubrí que es la mejor forma de morir sin morir.
Me conozco, te busco aún contra mi razón.
Cultivo hectáreas antes destinadas al vacío consumista para el que nos programan.       Las guardo para ti          para no aburrirme
para aquietar mi conciencia                           para cuando tropieces con mi espera.
Tallo mi nombre en un puñado de mentes que esculpen su nombre en la mía y en la de otros hasta dejarnos de llamar        de buscar
acaricio entonces la sensación
de lo que fuimos        no ya la persona      a un mensaje de distancia.

VI
Todo esto he aprendido en menos de un día, el día de treinta años.
Muevo un dedo y transformo mi alrededor       se despierta el polvo alborotado  
del que estoy hecho con acordes        con lunas
con sangre que recorre los ductos perfectos
antes de mover un pie para el próximo paso
antes de provocar el nuevo
o repetido pensamiento de este subterráneo día
sueño mío al dormir al otro lado de la cama (metalico).
No podría levantar una piedra y permanecer ajeno a su expectativa.
No podría sumergirme en el río y permanecer indiferente a lo que de mí arranca. Como los ángeles, no podría contener la tristeza a que somete un día soleado. No podría dar respuesta clara a las interrogantes planteadas por las nubes con los signos más comunes empleados justo cuando el sol viene a zaherir y a evidenciar lo que en nosotros se transparenta y no llega a ser palpable.
No podría otorgar mejor ritmo al roce de patas de los nocturnos ya reunidos para recibirme con sus notas improvisadas.
Termina el día de treinta años. Y apenas unos cuantos nombres repetidos en simultaneidad de millones de seres puedo reconocer sin entenderlos. Emprendo la vuelta al nido y encuentro a un humano -ser del que ignoro todo-, llorando sentado en una plaza -sin recordar bien qué es una plaza- en la hora del llamado.

miércoles, 22 de enero de 2014

Blanco (1966)

Corno no ha sido posible reproducir aquí todas las características de la edición original de Blanco (México, 1967), señalo que este poema debería leerse como una sucesión de signos sobre una página única; a medida que avanza la lectura, la página se desdo­bla: un espacio que en su movimiento deja aparecer el texto y que, en cierto modo, lo produce. Algo así como el viaje inmóvil al que nos invita un rollo de pinturas y emblemas tántricos: si lo desenrollamos, se despliega ante nuestros ojos un ritual, una suerte de procesión o peregrinación hacia ¿dónde? El espacio fluye, engendra un texto, lo disipa —transcurre como si fuese tiempo. A esta disposición de orden temporal y que es la forma que adopta el curso del poema: su discurso, corresponde otra, espacial: las distintas partes que lo componen están distribuidas como las regiones, los colores, los símbolos y las figuras de un mándala... La tipografía y la encuadernación de la primera edición de Blanco querían subrayar no tanto la presencia del texto como la del espacio que lo sostiene: aquello que hace posible la escritura y la lectura, aquello en que terminan toda escritura y lectura.
Blanco es una composición que ofrece la posibilidad de varias lecturas, a saber:
I) En su totalidad, como un solo texto;
I)) la columna del centro, con exclusión de las de izquierda y de­recha, es un poema cuyo tema es el tránsito de la palabra, del silencio al silencio (de lo «en blanco» a lo blanco —al blanco), pasando por cuatro estados: amarillo, rojo, verde y azul;
c)     la columna de la izquierda es un poema dividido en cuatro momentos que corresponden a los cuatro elementos tradicio­nales;
d)    la columna de la derecha es otro poema, contrapunto del an­terior y compuesto de cuatro variaciones sobre la sensación, la percepción, la imaginación y el entendimiento;
e)     cada una de las cuatro partes formadas por dos columnas puede leerse, sin tener en cuenta esa división, como un solo texto: cuatro poemas independientes;
I) la columna del centro puede leerse como seis poemas sueltos y las de izquierda y derecha como ocho.




(se copia y pega de manera un poco desordenada el poema)






el comienzo
el cimiento
la simiente
latente
la palabra en la punta de la lengua inaudita inaudible impar
grávida nula
sin edad la enterrada con los ojos abiertos inocente promiscua
la palabra
sin nombre                                  sin habla




Sube y baja,
escalera de escapulario,
el lenguaje deshabitado.
Bajo la piel de la penumbra
late una lámpara. .'.
Superviviente entre las confusiones taciturnas,
asciende
en un tallo de cobre
resuelto en un follaje de claridad:
amparo
de caídas realidades.
O dormido
o extinto,
alto en su vara 
(cabeza en una pica),


un girasol
ya luz carbonizada
sobre un vaso
de sombra.
En la palma de una mano
ficticia,
flor
ni vista ni pensada:
oída,
aparece
amarillo cáliz de consonantes y vocales incendiadas.


Cuadro de texto: llama rodeada de leones leona en el circo de las llamas ánima entre las sensaciones
frutos de luces de bengala los sentidos se abren en la noche magnética
en el muro la sombra del fuego en el fuego tu sombra y la mía
el fuego te desata y te anuda Pan Grial Ascua
Muchacha tú ríes —desnuda en los jardines de la llama
La pasión de la brasa compasiva


Polvo soy de aquellos lodos. Río de sangre,
río de historias
de sangre,
río seco: boca de manantial amordazado
por la conjuración anónima de los huesos,
por la ceñuda peña de los siglos y los minutos:
el lenguaje es una expiación,
propiciación
al que no habla,
emparedado,
cada día
asesinado, el muerto innumerable.
Hablar mientras los otros trabajan es pulir huesos
aguzar
silencios
hasta la transparencia, hasta la ondulación,
el cabrilleo,
hasta el agua:





Un pulso, un insistir, oleaje de sílabas húmedas. Sin decir palabra oscurece mi frente un presentimiento de lenguaje. Patience patience (Livingston en la sequía) river rising a little. El mío es rojo y se agosta entre sableras llameantes: Castillas de arena, naipes rotos y el jeroglífico (agua y brasa) en el pecho de México caído.


los ríos de tu cuerpo                el río de los cuerpos
país de latidos                           astros infusorios reptiles
entrar en ti                                 torrente de cinabrio sonámbulo
país de ojos cerrados               oleaje de las genealogías
agua sin pensamientos            juegos conjugaciones juglarías
entrar en mí                               subyecto y obyecto abyecto y
ni entrar en tu cuerpo             absuelto río de soles
país de espejos en vela            «las altas fieras de la piel
                        luciente»
país de agua despierta            rueda el río seminal de los
                         mundos                   
en la noche dormida                el ojo que lo mira es otro río
Cuadro de texto: es mi creación esto que veo la percepción es concepción agua de pensamientos soy la creación de lo que veo

agua de verdad
verdad de agua
me miro en lo que miro como entrar por mis ojos en un ojo más límpido
me mira lo que miro
delta de brazos del deseo en un lecho de vértigos
La transparencia es todo lo que queda


Paramera abrasada
del amarillo al encarnado
la tierra es un lenguaje calcinado.
Hay púas invisibles, hay espinas
en los ojos.
En un muro rosado tres buitres ahítos. No tiene cuerpo ni cara ni alma, está en todas partes, a todos nos aplasta:
este sol es injusto.
La rabia es mineral.
Los colores
se obstinan.
Se obstina el horizonte. Tambores tambores tambores. El cielo se ennegrece
como esta página. Dispersión de cuervos. Inminencia de violencias violetas. Se levantan los arenales, la cerrazón de reses de ceniza. Mugen los árboles encadenados. Tambores tambores tambores. Te golpeo cielo,
tierra te golpeo.
Cielo abierto, tierra cerrada, flauta y tambor, centella y trueno, te abro, te golpeo.
Te abres, tierra, 

tienes la boca llena de agua, tu cuerpo chorrea cielo, tierra, revientas, tus semillas estallan
verdea la palabra



te desata se esparce árida ondulación
se levanta se erige ídolo entre brazos de arena
desnuda como la mente brilla se multiplica se niega
en la reverberación del deseo renace se escapa se persigue
girando girando visión del pensamiento gavilán
en torno a la idea negra cabra en la peña hendida
el vellón de la juntura paraje desnudo
en la mujer desnuda snap-shot de un latido de tiempo
pirausta nudo de presencias real irreal quieto vibrante
Inmóvil bajo el sol inmóvil pradera quemada
del color de la tierra color de sol en la arena
la yerba de mi sombra sobre el lugar de la juntura
mis manos de lluvia obscurecida por los pájaros
sobre tus pechos verdes beatitud suficiente
mujer tendida hecha a la imagen del mundo

El mundo haz de tus imágenes



Del amarillo al rojo al verde, peregrinación hacia las claridades, la palabra se asoma a remolinos azules.
Gira el anillo beodo, giran los cinco sentidos alrededor de la amatista ensimismada.
Traslumbramiento: no pienso, veo
—no lo que veo, los reflejos, los pensamientos veo. Las precipitaciones de la música,





el número cristalizado. Un archipiélago de signos. Aerofanía,
boca de verdades, claridad que se anula en una sílaba diáfana como el silencio: no pienso, veo
—no lo que pienso, la cara en blanco del olvido, el resplandor de lo vacío. Pierdo mi sombra,
avanzo
entre los bosques impalpables, las esculturas rápidas del viento, los sinfines,
desfiladeros afilados,
avanzo,
mis pasos
se disuelven en un espacio que se desvanece en pensamientos que no pienso.


contemplada por mis oídos olida por mis ojos acariciada por mi olfato oída por mi lengua  oida por mi tacto
habitar tu nombre    en tu grito contigo
entera en cada parte te repartes las espirales transfiguraciones
tu cuerpo son los cuerpos del instante es cuerpo el tiempo el mundo
pensado soñado encarnado visto tocado desvanecido


horizonte de música tendida puente colgante del color al aroma olor desnudez en las manos del aire cántico de los sabores festín de niebla
despoblar tu cuerpo   casa del viento


La irrealidad de lo mirado da realidad a la mirada





caes de tu cuerpo a tu sombra no allá sino en mis ojos
en un caer inmóvil de cascada cielo y suelo se juntan
caes de tu sombra a tu nombre intocable horizonte
te precipitas en tus semejanzas yo soy tu lejanía
caes de tu nombre a tu cuerpo el más allá de la mirada
en un presente que no acaba las imaginaciones de la arena caes en tu comienzo las disipadas fábulas del viento
derramada en mi cuerpo yo soy ¡a estela de tus erosiones
tú te repartes como el lenguaje espacio dios descuartizado
tú me repartes en tus partes altar el pensamiento y el cuchillo vientre teatro de la sangre eje de los solsticios
yedra arbórea lengua tizón de frescura el firmamento es
                                              macho y hembra
temblor de tierra de tu grupa testigos los testículos solares
lluvia de tus talones en mi espalda falo el pensar y vulva la palabra
ojo jaguar en espesura de pestañas espacio es cuerpo signo pensamiento
la hendidura encarnada en la maleza siempre dos sílabas enamoradas
los labios negros de la profetisa Adivinanza


En el centro
del mundo del cuerpo del espíritu
la grieta                                             el resplandor
No
En el remolino de las desapariciones el torbellino de las apariciones Sí
El árbol de los nombres
No
es una palabra
es una palabra
aire son nada
son
este insecto revoloteando entre las líneas de la página
inacabada
inacabable
El pensamiento
revoloteando


entre estas palabras
Son
tus pasos en el cuarto vecino
los pájaros que regresan
El árbol nim que nos protege
los protege
Sus ramas acallan al trueno
apagan al relámpago
En su follaje bebe agua la sequía
Son
esta noche
(esta música)
Mírala fluir
entre tus pechos caer sobre tu vientre
blanca y negra primavera nocturna
jazmín y ala de cuervo
tamborino y sitar
No y Sí
juntos
dos sílabas enamoradas Si el mundo es real
la palabra es irreal Si es real la palabra
el mundo es la grieta el resplandor el remolino No
las desapariciones y las apariciones
el árbol de los nombres
Real irreal
son palabras
aire son nada

El habla
irreal
de realidad al silencio
Callar es un tejido de lenguaje
Silencio
sello
centelleo
en la frente
en los labios
antes de evaporarse
Apariciones y desapariciones
La realidad y sus resurrecciones
El silencio reposa en el habla
El espíritu es una invención del cuerpo
El cuerpo es una invención del mundo
El mundo es una invención del espíritu
No                                     Sí irrealidad de lo mirado la transparencia es todo lo que queda
Tus pasos en el cuarto vecino
el trueno verde
madura
en el follaje del cielo
Estás desnuda
como una sílaba
como una llama
una isla de llamas
pasión de brasa compasiva
El mundo
haz de tus imágenes
anegadas en la música
Tu cuerpo
derramado en mi cuerpo
visto
desvanecido
da realidad a la mirada

Delhi, del 23 de julio al 25 de septiembre de 1966









OCTAVIO PAZ.