Los días de la memoria y del olvido terminan siempre siendo los mismos.
Cosas dichas y por decir, actos, caricias, todo se confunde
alucinadamente entre brillos opacos y oscuridades brillantes de neón
patibulario durante la hora en que no es día ni es noche aún. Qué hago,
qué digo. Junto a mí, una muerte que me inhala al exhalar,
radicalidades, profundidades, dimensionalidades que intentan ser
palabras, balbuceos de pobres errantes que no aprenden la lengua clara y
desnuda del opuesto. Cifrado que trata de escupir el dolor que hermana a
todos quienes le rodean, así me soñó ella. Carcasas, kilómetros de
vendas, kilos de hojas secas, nuez en medio del desierto sideral la soñé
a ella. Separado de su corazónentrepierna por la última frontera donde
sitúo el fin de mi errancia, ya no llameo. La condena que vive a mi lado
y que está a millones luz de mi mano tendida cuando viene el sepulcro,
se difumina. No importa cuantas veces renuncie, la dualidad obliga al
otro a estar por ausencia si así lo decido, por enemiga si así lo
decide, por fantasma si así lo dicta Venus. Me voy. Siempre me voy para
probar cuan lejos me es posible llegar de rodillas en la bajada
empedrada. Me iré cada vez que así lo desee, en busca de la egoista
libertad. En la aventura de la cotidianidad, me reconozco como vine al
mundo. Tal vez, algún día deba parar. Sin promesas. Sin amenazas. Sin
reproches. Sin recuerdos que pudieron ser y que no son más que
solitarios sueños de una almohada hechicera que los contagia y que hoy
reposa en el cuarto de cachivaches. Olvidarlo todo para repetirlo
siempre con la exaltación y embriaguez de la primera vez. Cambio de
posición al dormir. Cambio de sueño. Entrego los fantasmas desdentados
por falta de voluntad y exceso de miedo.
LM2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario